martes, 31 de agosto de 2021

El nuevo rector de la UV


Yamiri Rodríguez Madrid

Con la designación del doctor Martín Gerardo Aguilar Sánchez como el nuevo rector de la Universidad Veracruzana (UV), a partir de este miércoles 1 de septiembre, inicia una nueva etapa para la institución. Como en cada proceso, siempre existen las voces que, pero al final, la Junta de Gobierno es quien tomó la decisión conforme a trayectoria académica, honorabilidad y, por supuesto, lo que consideraron era más conveniente para el presente y futuro de la UV.

Como bien lo expusieron sus integrantes, el oriundo de Minatitlán fue quien demostró “la independencia de juicio y la capacidad de escucha y diálogo que la comunidad demanda en estos momentos” y confiaron en que su experiencia y competencia académica y humana le facilitará la conducción, el diálogo, y la visión para unir a toda la Universidad con el fin de desarrollar y potenciar la excelencia académica a nivel estatal, nacional e internacional.

Durante el proceso hubo muchas patadas por debajo de la mesa y hoy, entre las múltiples tareas que tiene el Doctor en Ciencia Política, está la de también aplicar la famosa operación cicatriz, como en política, con los académicos que se quedaron en el camino y con el puñado que aún sangran por la herida no haber llegado ni siquiera a la conformación de la terna.

El gris periodo de la antropóloga Sara Ladrón de Guevara terminó con más sinsabores que triunfos, no solo porque su trabajo fue escaso, sino porque llevó a la institución a polémicas innecesarias, no actuó ante problemas con prontitud e inteligencia y, lo que es peor, la propia comunidad universitaria se quedó con la imagen de una mujer soberbia.

Dice el dicho que cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pongas las tuyas a remojar y tal vez, a sus 63 años, el nuevo rector debería tomar como consejo ser un poco más cercano a la comunidad. No se trata de un concurso de popularidad, pero sí de que lo sientan cercano, con la confianza de externar problemas y proponer soluciones.

@Yamiri Rodriguez

lunes, 30 de agosto de 2021

Ernestina Ascencio y la justicia pronta y expedita / Yamiri Rodríguez Ma...

Ernestina Ascencio y la justicia pronta y expedita


Yamiri Rodríguez Madrid

Corría el año 2007.   El 27 de febrero Ernestina Ascencio Rosario, una mujer  indígena de  73 años de Soledad Atzompa, que fue ultrajada y asesinada por elementos del Ejército que habían montado un campamento muy cerca de ahí. Al trascender el hecho, las autoridades en el sexenio del priista Fidel Herrera Beltrán y del panista Felipe Calderón Hinojosa, afirmaron que murió a consecuencia de una gastritis. Una burla para su memoria, para su familia y para la inteligencia de la gente.

Sus hijas no cesaron en la lucha por la justicia y, después de más de 14 años, finalmente hace unos días, María Rosario Piedra Ibarra, titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), en un hecho histórico emitió nuevas recomendaciones para la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la hoy Fiscalía General del Estado (FGE) y la Secretaría de Salud del Gobierno del Estado, además de que sugirió reabrir la investigación. Todo esto porque reconoció hubo muchos vicios en el proceso y en el actuar de funcionarios involucrados, incluida la propia CDNH.

Entre dichas recomendaciones emitidas está la  inscripción de las víctimas indirectas en el Registro Estatal de Víctimas así como al Fondo de Ayuda, Asistencia y Reparación Integral del estado de Veracruz y el establecer un memorial en la comunidad de Tetlatzinga, de donde era originaria la señora Ernestina, como medida de satisfacción que contribuya al reconocimiento de la dignidad y la reivindicación a los derechos humanos de la víctima, y realizar una disculpa pública en favor de esta, a sus hijos y a su comunidad.

Pero lo más importante que sugiere el organismo es que se inicien las investigaciones en contra del personal del Hospital Río Blanco, de la Secretaría de Salud en la entidad, por el ocultamiento e indebida valoración que se le dio a las pruebas que daban cuenta de los hechos delictivos ocurridos en perjuicio de la víctima. Veremos, primero, si las recomendaciones se acatan y, segundo, a cuántos de los involucrados después de 14 años aún se pueden investigar, si es que no han puesto pies en polvorosa.

Desafortunadamente, el caso de Ernestina Ascencio no es el único en el que los derechos de los indígenas son pisoteados y nunca, nunca, nunca, se puede ni siquiera reparar el daño. Para ellos no existe la justicia pronta y expedita. Es histórica que la alcancen, aun después de 14 años.

@YamiriRodriguez