miércoles, 8 de junio de 2011

La recesión del monedero

Sin haber cursado una carrera en economía, estas mujeres hacen milagros con el dinero

Por Yamiri Rodríguez Madrid

Doña Cristina García se levantó esta mañana sin saber cómo abrieron los mercados financieros en el mundo; mientras se alista no piensa en que si hoy tendrá de nueva cuenta fluctuaciones el dólar: su única preocupación es cómo hacer rendir el gasto de este lunes.
Anoche, esta vecina de la capital del estado, levantó muy tarde su puesto de garnachas, empanadas y tostadas, pues asegura que “la crisis está dura y hay que hacer sacrificios”. Aún así, llegó con bolsa del mandado en mano, muy temprano en la mañana al mercado de Los Sauces; pero esta vez no vino a comprar la materia prima de su changarrito, sino por el contrario, llegó con una encomienda mucho mayor: con 80 pesos alimentar a siete bocas.
Mientras escoge una pechuga y dos piernas de pollo y regatea a la marchante que le baje por lo menos dos pesos al kilo, esta esposa, madre e hija, intenta explicar en sus propias palabras, como es que desde hace varias semanas, la recesión económica le está pegando a su monedero.
“Nosotros no hacemos un presupuesto a la semana para la comida, yo voy comprando conforme a mis ganancias, por lo que a veces me gasto en el mandado 70 u 80 pesos para alimentar a toda mi familia, como quien dice pues a mi viejo, mis tres hijos, a mi nieto y mi mamá”, comenta la desesperada mujer, quien sin siquiera saber qué es eso que llaman recesión económica de los Estados Unidos, vive en carne propia sus efectos.
En su intento por llevar algo nutritivo a su humilde mesa, va recorriendo uno a uno los puestos de frutas y verduras, buscando siempre el mejor precio: “Mire, hora (sic) está la oferta de 3 kilos por 10 pesos, ya parece desperdicio, pero ni modo, por lo menos para darle color a la sopa”, se queja doña Cristina, mientras palma unos jitomates un tanto marchitados.
La bolsa del mandado, esa que le regalaron a inicio de año en la carnicería Los Pérez, ni siquiera se llenó por la mitad: con unas piezas de pollo, dos cebollas, una cabeza de ajos, un kilo de arroz, dos de tortillas y unas cuantas verduras, se le fueron cerca de 70 pesos, pues precavida como ella misma se define, guardó 12 pesos para el camión.

El círculo viciosoP
ero también en esos tomates marchitos hay historias. A unos 20 kilómetros del mercado de Los Sauces, está la comunidad de El Terrero, en el municipio de Emiliano Zapata, cuna del tomate del centro de Veracruz.
Don Eusebio Martínez toda su vida, junto con la de su familia, la ha dedicado al cultivo del tomate, mismo que comercializan hacia otros estados, como San Luis Potosí.
Esta mañana precisamente está cosechando, pues es época de aguas, una de las dos temporadas cuando el producto se da. Mientras él y su gente llenan las taras, revelan que esta es la peor crisis para el tomate en los últimos tres años.
“Cada kilo nos lo vienen pagando como a 2 o 3 pesos, y nosotros tenemos que invertirle, entre siembra y cosecha unos 80 mil pesos”, revela. Sin embargo, Don Pedro López, otro tomatero veracruzano lo interrumpe, y mientras se quita el sombrero a modo de pausa en la faena, externa el malestar de los productores.
“No señorita, hemos tenido que hipotecar las casas, empeñar nuestras cosas, pedir prestado a los usureros para poder sacar adelante la cosecha ¿y todo para qué?, para que solo medio vivamos unos cuantos meses en lo que llega la otra temporada.
Y es además del estrepitoso aumento en el precio de los fertilizantes, los intermediarios siguen siendo su principal problema; de ahí que hoy –dicen-, se malvenda el tomate en 3 kilos por 10 pesos.
Doña Cristina seguirá haciendo malabares para alimentar a su numerosa familia con menos de cien pesos al día, y don Eusebio seguirá rogando porque mañana, mañana sea un mejor día (L).

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