Yamiri Rodríguez Madrid
Los pobres
cafetaleros veracruzanos nada más no ven la suya. Permanentemente tienen que estar cuidando sus
fincas de la amenaza de la roya, pero ahora no es nada más eso, sino que ya les
están robando el café cereza de las matas. Hay mucho enojo porque, a
consecuencia de las lluvias, apenas en diciembre están cortando, pero muchos de
ellos se han llevado menudas sorpresas cuando llegan y no les dejan nada en las
ramas.
Peor aún es que
a los que libran la plaga y los ladronzuelos, cuando llegan a las básculas, ahí
también los atracan. Según lo exponen, antes de llevarlos a los puntos de ventas
los pesan en romanas, pero cuando llegan ahí, resulta que son por lo menos 10 kilos
menos; multiplíquelo por el número de personas que llegan y calculan que son
por lo menos dos toneladas las que les bajan al menos en la región de Xico, Coatepec
y Teocelo.
La gran pregunta
que se hacen es qué medidas están tomando las autoridades y los representantes
populares para evitar que el sector cafetalero se desplome. El precio del kilo
estaba en 21 pesos, por el retraso y las lluvias que no han parado en la región,
ahora está en 17 pesos; al consumidor, el kilo de café tostado oscila en 270
pesos: una raya más al tigre de sus males.
Bien harían en
comenzar por hacer un operativo en las básculas de café para cerciorarse de que
pesen con exactitud y no timen a los pequeños productores; esos les ayudaría en
gran medida. Segundo, es la necesidad
de trabajar con ellos, en las fincas, a ras de tierra, en una mejora a la ley
que reconozca cada uno de los problemas en el sector y no lo que desde un
escritorio se cree que sucede, más cuando Veracruz, junto con Puebla y Chiapas,
es uno de los principales productores de café y cuando más de 90 mil familias
son las que dependen de esta actividad.
El café es
parte del ADN de Veracruz; urge atender a quienes lo producen.
@YamiriRodriguez
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